La industria del calzado deportivo tiene una de las fisuras más documentadas entre el país de diseño y el país de fabricación en todo el comercio global. Nike diseña sus zapatillas en Beaverton, Oregon. Adidas diseña en Herzogenaurach, Baviera. On Running diseña en Zúrich. Y luego las fabrican, en su abrumadora mayoría, en Vietnam, Indonesia, China y Camboya. Es una cadena de valor fragmentada geográficamente que permite a las marcas reclamar origen europeo o americano en términos de diseño e I+D mientras la fabricación ocurre en países con perfiles democráticos y laborales radicalmente distintos.
Vietnam puntúa 2,97 en el Índice de Democracia de The Economist Intelligence Unit para 2024, un régimen autoritario de partido único, el Partido Comunista de Vietnam, que no celebra elecciones competitivas reales, restringe la libertad de prensa y la asociación sindical independiente, y procesa a activistas y periodistas bajo leyes amplias de seguridad nacional. Es el principal país fabricante de calzado para marcas occidentales: más del 50% de la producción global de zapatillas premium, medida en valor, ocurre en Vietnam. Indonesia (6,53 EIU, justo por debajo del umbral) y China (2,12 EIU) completan el mapa de fabricación.
El argumento de las marcas europeas
Adidas (Alemania, 8,58 EIU) es la marca de referencia cuando se discute si el origen de la empresa importa más que el origen de la fabricación. La empresa fue fundada en Herzogenaurach en 1949 por Adolf Dassler, cotiza en el Frankfurt Stock Exchange, tiene su sede central en Baviera y opera bajo el marco regulatorio alemán y europeo. Su compromiso público con la Iniciativa de Comercio Ético (ETI), con las directrices de la OCDE para empresas multinacionales y con auditorías de proveedores publicadas es uno de los más avanzados del sector. Pero fabrica en Vietnam, Indonesia y China, y las auditorías publicadas incluyen hallazgos de irregularidades en proveedores de tercera y cuarta capa que son difíciles de verificar externamente.
New Balance es el caso más citado cuando se habla de fabricación democrática real en calzado deportivo. La empresa americana con sede en Boston (EE.UU., 7,85 EIU) fabrica una parte significativa de sus zapatillas, incluyendo todas las líneas con la etiqueta Made in USA, en cinco fábricas en Massachusetts y Maine. No es el 100% de su producción, la mayor parte de la cual sigue siendo asiática, pero es el único fabricante de zapatillas de gran escala que ha mantenido producción manufacturera en EE.UU. de forma continua cuando todos sus competidores la trasladaban a Asia. El argumento de New Balance para el criterio democrático es, por tanto, más sólido que el de Adidas no porque Alemania sea menos democrática que EE.UU., sino porque New Balance tiene fabricación real en el país democrático de origen de la marca.
On Running y las marcas suizas
On Running (Suiza, 9,15 EIU) es la marca de más rápido crecimiento del sector en los últimos cinco años, pasando de startup fundada en Zúrich en 2010 a empresa cotizada en el NYSE con valoración superior a los 20.000 millones de dólares en 2024. Su tecnología CloudTec y sus zapatillas para running de carretera han ganado posicionamiento de gama alta en el mercado global. La fabricación es asiática, principalmente en Vietnam y China, lo que da a On Running el mismo perfil de fabricación que Adidas o Nike. La diferencia democrática significativa está en la sede corporativa (Suiza, 9,15 EIU, la democracia mejor puntuada del índice junto a Noruega) y en el control accionarial: la empresa cotiza en Nueva York pero está controlada fundamentalmente por sus fundadores suizos y por inversores institucionales europeos y americanos.
Salomon (Francia, 8,07 EIU, aunque ahora propiedad de Amer Sports, grupo finlandés-chino) y Scarpa (Italia, 7,67 EIU) son marcas de calzado técnico alpino y de montaña que mantienen más producción en Europa que las marcas de running generalista. Scarpa fabrica en Asolo, en el Véneto, con una tradición de manufactura italiana en calzado técnico de montaña que ha resistido mejor la presión de externalización que el running de carretera. Para quien busca calzado deportivo técnico con mayor componente de fabricación europea, el segmento alpino y de senderismo tiene más opciones que el running de carretera o las zapatillas casuales.
La elección con criterio democrático
La guía práctica para aplicar el criterio democrático en la compra de zapatillas deportivas tiene varias capas. Primera: prioriza marcas con sede en democracias consolidadas de alta puntuación. Segunda: dentro de esas marcas, prioriza las líneas fabricadas en EE.UU. (New Balance Made in USA), en Europa (Scarpa en Italia para calzado técnico, colecciones limitadas de Adidas Made in Germany para contadas ediciones especiales) o en democracias por encima del umbral como Corea del Sur (8,09 EIU) o Taiwán (8,99 EIU). Tercera: exige transparencia de auditorías de proveedores: las marcas que publican sus auditorías sociales de fábrica con hallazgos reales, incluyendo las irregularidades detectadas y las acciones correctivas tomadas, son más confiables que las que publican únicamente resultados de cumplimiento sin detalles.
La realidad estructural del sector es que no existe una zapatilla deportiva de gran marca completamente fabricada en democracias plenas de alta puntuación y a precio de mercado masivo. New Balance Made in USA se vende con un sobreprecio del 30-40% sobre el equivalente asiático, y algunos modelos técnicos de Scarpa o de marcas alpinas europeas cuestan el doble o más que el equivalente de fabricación asiática. Lo que el consumidor sí puede hacer es elegir dentro del espectro disponible hacia las opciones con mayor transparencia, mejor perfil de sede corporativa, y mayor compromiso auditable con condiciones laborales verificadas en fábricas. En un mercado donde la fabricación asiática es estructural, la calidad de los controles y la transparencia de las auditorías importa tanto como el país de fabricación.
Hay una tendencia emergente en el sector del calzado deportivo que apunta en la dirección correcta desde el criterio democrático: los zapatillas de segunda mano y la economía circular del calzado. Plataformas como Vinted, Wallapop en España, o las secciones de segunda mano de decathlon y otras grandes cadenas están creando mercados secundarios activos para zapatillas de calidad que amplían la vida útil del producto. Desde el criterio democrático, comprar una zapatilla New Balance Made in USA de segunda mano tiene el perfil democrático de la fabricación americana sin el coste premium de la versión nueva. Y cualquier zapatilla de segunda mano, independientemente de su origen de fabricación, reduce la demanda de nueva producción en cadenas democráticamente problemáticas. La economía circular del calzado es compatible con el criterio democrático y lo complementa: es tanto más eficiente comprar con criterio la primera vez, eligiendo marcas con mejor perfil democrático de origen, como extender la vida útil del producto mediante el mercado de segunda mano.




